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El duro paso de la fama al infierno de las calles

Edgar Espinosa fue músico profesional de salsa. Ahora, en la indigencia, recuerda viejos ritmos.

“Mis manos están cansa’ de hacer lo que no saben, mis manos están cansa’ de hacer lo que no quieren, mis manos están cansa’ de hacer lo que no deben… Me tocó reciclar y me tocó barrer… No es que sea una vergüenza, fue lo que me tocó hacer”… Edgar Espinosa canta con nostalgia la canción que compuso un día mientras reunía vidrios y cartón para conseguir dinero y poder comer, una preocupación impensable en los años maravillosos que vivió al hacer parte de la Orquesta Internacional Los Niches. Lujos, viajes, conciertos, drogas, fama. Hoy vive en la calle, solo, junto a la música, ese ‘vicio’ que por nada del mundo piensa dejar, y con el cariño de los que saben que es un maestro de la salsa en Colombia.
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Su amor profundo por la música es cuestión de genética. Su padre era trompetista, el mejor del mundo, según Edgar. Grabó la mayoría de la música de ‘Fruko y sus tesos’. Su mamá es saxofonista y hoy, incluso con 80 años, sigue tocando en una iglesia cristiana junto a una hermana y unos sobrinos de Edgar. Su hermano es trompetista. Es Fabio “Pita” Espinosa, el mismo que nombran al final de la canción “Del puente para allá”. Edgar, por su parte, toca casi todos los instrumentos: piano, trompeta, trombón, pero su favorito es el saxo tenor.

Cali es su ciudad natal. Desde pequeño fue siempre toda una estrella: ganaba los concursos del colegio y nunca pasaba inadvertido: su espontaneidad en el escenario viene desde aquellos años. Joe Arroyo y Fruko y sus tesos eran sus ídolos. Quiso ser como ellos hasta que lo logró. A los 13 años ya era todo un músico profesional, tocaba los timbales en la orquesta de los Hermanos Martelo.

Edgar no es muy bueno recordando fechas, pero cree saber cómo sucedieron las cosas. Aún recuerda la insistencia con la que Nicolás Cristancho, “Macabi”, pianista del grupo Niche, le dijo que fuera a ensayar con Jairo Varela así no hiciera parte de la nómina del grupo. Fue así como empezó el sueño Niche, del cual se retiró más o menos 5 veces. “Jairo era un monstruo como músico, pero una m… como persona. Y yo siempre me rebelé con eso: o me trataba bien o me iba. Me iba y me volvía a llamar. Hasta que un día me cansé y le dije: podré no estar en una orquesta de nombre, pero no me voy a morir de hambre. Y a los 8 días estaba en el grupo ‘Clase’.

A Edgar se le iluminan los ojos cuando habla de la Orquesta Internacional Los Niches, que nació producto del retiro de la mayoría de los músicos que conformaban el Grupo Niche. Aunque no niega la felicidad que le generaba estar en el grupo Clase (le decían hasta “musiloquísimo” por ser tan inquieto en la tarima), con Los Niches conoció dos de sus ciudades favoritas: Ámsterdam y Rotterdam, y cumplió su sueño de fumar tabaco en una góndola en Venecia.

“Estaba Moncho Santana, el que pegó más éxitos como “Cali pachanguero”. Musicalmente, Los Niches sonaban igual o mejor que Niche”, cuenta Edgar.

La causa de esa separación, según Edgar, fue de Varela. Cuando él montó la discoteca llamada “La chica de rojo” en Cali, su prioridad era invertirle a ese negocio sin importar el tipo de relaciones que eso implicara. “Por meterle plata a la discoteca, dejó botados a los músicos en Nueva York y ellos se emberracaron, se retiraron e hicieron Los Niches”, dice Edgar.

La droga estuvo presente desde sus años en el grupo Niche. “Todos tenemos una justificación para lo que hacemos. Yo decía que fumaba marihuana para tocar mejor”. Hoy reconoce que no hay nada como estar en sus cinco sentidos y que ya ni el bazuco le genera algún tipo de placer. “Esto que me está pasando fue desde que me robaron todos los instrumentos del estudio. Hace 6 años yo podía pagarme un apartamento de 500 mil pesos y vivía como un rey”.

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